Quiero Ser Un Misionero Creativo
No existe ni una sola alma capaz de guardar uno de esos diez mandamientos solamente con el poder humano, pero todos se pueden guardar con la fortaleza que permite Jesús.
Uno de los mayores engaños que ha paralizado la vida espiritual de la cristiandad es la creencia de que la Ley de Dios es un ideal inalcanzable, una montaña cuya cima el hombre carnal jamás podrá pisar. Se argumenta que, al ser la Ley espiritual y el hombre carnal, existe un abismo insalvable. Sin embargo, ¿daría un Dios de amor y justicia una orden imposible de cumplir para luego juzgarnos por nuestro fracaso?
La creencia de que Cristo obedeció porque tenía "ventajas divinas" anula el propósito de su sacrificio. La Biblia enseña que Jesús no vino a obedecer en lugar de nosotros para que nosotros quedáramos libres de obedecer, sino que vino a facultarnos.
Fundamento Bíblico: "Porque lo que era imposible para la ley... Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado... condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros" (Romanos 8:3-4).
Análisis del término Dikaioma: El término griego utilizado para "justicia" o "requisito justo" implica que el estándar de la Ley no ha sido rebajado. Cristo demostró que el pecado puede ser vencido en la misma carne que nosotros poseemos.
La pluma de la inspiración es tajante al rechazar la idea de que Cristo usó poderes que no están a nuestro alcance:
"Muchos dicen que Jesús no era como nosotros, que él no estaba en el mundo como nosotros estamos, que él era divino y que nosotros no podemos vencer como él venció. Pero esto no es verdad... Cristo fue tentado en todo de acuerdo con nuestra semejanza... Él no ejerció un solo poder, no poseyó una sola capacidad que no tengan los hombres mediante la fe en él". (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 619).
La obediencia no es el resultado del músculo moral del hombre, sino de la presencia de Cristo en el corazón. El error del legalista es intentar obedecer con el "poder humano", lo cual es imposible. El privilegio del cristiano es la obediencia por la fe.
La Promesa de la Nueva Alianza: "Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón" (Jeremías 31:33). No es el hombre tratando de alcanzar la Ley, sino Dios instalando Su Ley dentro del hombre a través del Espíritu Santo.
La Fortaleza Impartida: Pablo no dijo "yo puedo hacer todo por mi cuenta", sino: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).
A lo largo de la historia, el enemigo ha intentado presentar a Dios como un tirano que exige lo imposible. Esta fue la acusación original de Lucifer en el cielo.
La Mentira de Satanás: Argumentó que la Ley de Jehová no podía ser guardada por seres limitados.
La Respuesta de la Última Generación: Dios tendrá un pueblo en el tiempo del fin que desmienta al acusador. "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12).
Para entender la posibilidad de obedecer, debemos distinguir dos aspectos de la obra de Cristo:
Justicia Imputada: Cubre nuestros pecados pasados (nuestro título al cielo).
Justicia Impartida: Nos da la victoria sobre el pecado presente (nuestra idoneidad para el cielo).
"La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda es nuestra idoneidad para el cielo". (Elena G. de White, Mensajes Selectos, vol. 1, p. 462).
¿Dijo Dios en serio lo que quería decir cuando mandó obedecer? Sí. El plan de salvación no es una "licencia para seguir pecando", sino una estrategia divina para restaurar la imagen de Dios en el hombre. La obediencia es posible no porque seamos fuertes, sino porque nuestro Salvador es invencible.
Cristo no vino para salvarnos en nuestros pecados, sino de nuestros pecados (Mateo 1:21). Vivir una vida en armonía con los diez preceptos de Dios es el resultado natural de una entrega total. Si Cristo vive en nosotros, Él vivirá Su vida de obediencia a través de nosotros.